En ese momento, mi celular suena. Es Claudia. Me dice que algo ha pasado y que necesita hablar urgente conmigo. Me despido de Carlos y del viejo, el que se identifica como Sanka mientras me abraza. Te beso tiernamente como muchas otras veces y luego te pregunto a que hora llegas. No sabes, me respondes. Pero que me llamarás si algo pasa.
Llego al café donde Claudia me pidió que la encontrara, ahí está ella. Se ve nerviosa. Me siento frente a mi amiga y el camarero me pregunta si deseo algo. Una tasa de té verde y una tartaleta de nuez son suficientes. Claudia no quiere nada. Comienzo a sospechar de qué se trata, tomando en cuenta su comportamiento en la mañana. Pero sólo despues me doy cuenta de lo equivocada que estaba.
- Feña – Dice, con ese diminutivo que usa siempre que necesita ayuda o consejo, mirando su café a medio tomar – Hay algo que necesito desahogar
- Que pasa? Cuentame. Para eso estan las amigas.
- Estoy embarazada.
Después de 3 tazas de te verde y un par de cigarros, por fin puedo procesar lo que Claudia me dice.
- Pero, de Quién?
- De Hernán
- Hernán?! Pero si él está pololeando!
- Si sé, pero, me gustaba, nos curamos un dia y pasó.
- Y él sabe?
- No
- Bueno amiga, no hay mucho que hacer, hay que decirle y…
- Si hay algo que hacer – Me interrumpes.
- Qué?
- Voy a abortar.
Mi celular suena nuevamente. Eres tú, me dices que no llegas hoy, que vas a acompañar a Sanka a finiquitar un negocio y a tomar posesión de la mercancía de nuestro difunto amigo Peter. Te digo que te amo por millonésima vez en el dia y cuando corto, Claudia está llorando.
- Acompañame Feña, por favor. No quiero hacer esto sola.
- Pero dónde vamos a ir? Conoces algún doctor que lo haga?
- Si, una compañera de Universidad una vez se hizo uno. Aunque no es barato.
- Vamos a la casa, allá hablamos bien.
Pagamos la cuenta y paramos al primer taxi que vemos pasar. Llegamos a la casa. Claudia me sigue tímidamente hasta que llegamos a nuestra habitación. Entro y saco el maletín con el dinero de debajo de la cama y mientras nos sentamos te pregunto.
- Ok, cuanto dinero necesitas.
- Pero de donde vas a sacar plata tú?
- Cuanto.
- Un millón de Pesos.
Saco los billetes y los cuento. Cien, doscientos, trescientos, mil, dos mil dólares. Se los entrego a Claudia y le digo que todo va a estar bien. Que es su elección. Ella me abraza y en sollozos me dice:
- Muchas gracias amiga. Te amo
- Para eso estamos Clau, no te preocupes.
- Te amo Feña
- Yo también te amo Claudia.
Claudia levanta su cara de mi hombro y me mira fijamente, cierra sus ojos y comienza a acercar sus labios a los mios.
- Claudia! Que te pasa?
- No sé, no sé que siento. Quizás es esta cosa que llevo dentro de mí. Pero desde que Fuimos a la Blondie y te vi besando a Ursula, empecé a desear ser yo a quien besas.
- Clau. Te parece que hablemos esto después? Por ahora vamos al doctor.
29 de febrero de 2008
28 de febrero de 2008
mujeres. Cap 6
Como siempre, los golpes en la puerta me arrebatan de los brazos de morfeo. Claudia llama desde el otro lado preguntando si estamos presentables. Le respondo que pase. Entre el caos que es nuestra habitación, nuestros cuerpos apenas cubiertos por las sábanas forman una imagen mas que sugerente. Claudia entra en la pieza y al vernos sudadas y desaliñadas no puede evitar sonrojarse. Comienzo a notar alco en ella que no había notado antes de conocerte, amor. Veo que sus ojos no logran apartarse de mis pechos, que su respiración se acelera. Desde tu posición te das cuenta del hecho y decides romper la incómoda situación.
- Ehm.. Claudia, cierto? – Le dices, mirándola.
- Alcánzame mis calzones por favor. Los estás pisando – Claudia se sonroja aún mas mientras yo me pongo a reir
- T….toma. – tímidamente se acerca para pasártelos. Sus ojos siguien clavados en mis pechos.
Te levantas deshinibidamente de la cama y te vistes, lo que para ti significa andar con calzones por todos lados. Empiezas a recoger las cosas mientras te quejas por el estado en que “alguien” dejó la pieza. Me tiras mi ropa para que me vista. Claudia sigue ahí, apoyada en la puerta.
- Que pasa Claudia? Estás como perdida hoy. – Le digo para desviar su vista de mi cuerpo. La verdad no me molesta, pero no quero que se se de cuenta.
- Ah? No, nada. Es que me sorprende un poco verlas así. Disculpa que diga esto Ursula, pero Fernanda, tu eras tan fijada en los hombres, cómo pasó esto?
- No sé. Simplemente pasó – Me miras y sonríes, luego me lanzas un beso, que parece incomodar aún más a Clauda
- Ehm... Bueno, está listo el desayuno por si quieren.
- Gracias!, vamos altiro
Nos vestimos a la rápida y salimos a tomar desayuno. Ya estaban todos sentados. El desayuno transcurrió mejor que la cena de la noche anterior, Diego estaba callado, Hernán y Marcelo hablan entre ellos.
Desayunamos rápido y antes de levantarnos de la mesa, Carlos toca la bocina desde el auto, que ya nos esperaba afuera. Nos despedimos rápidamente y, despues de recoger el maletín en nuestra pieza, Bajamos y tomamos el auto.
El auto de Carlos nos lleva a una casa en el barrio Brasil. Por fuera no es mas que una casa como cualquier otra, pero por dentro todo es distinto. Música reggae invade el lugar. Un olor a marihuana que me marea desde el instante en que cruzo la puerta de entrada. Rastas fumando en todos los rincones. Un viejo de largos cabellos apelmazados se acerca a nosotros, te saluda efusivamenbte, en un torpe español.
- Ursula, me love. Como van las cosas? Supe que Peter tubo un problema gracias a ti
- Nunca me cayó bien – Le dices, sonriendo – Déjame presentarte a mi novia, Fernanda.
- Fernanda! In me Country conofí a una Fernanda.
- Si? Que divertido – dije tímidamente – Y como era?
- No me acuerdo. La maté antes de grabarme su rostro. Pero estoy seguro que no era tan linda como tú.
- Gracias – es lo que atino a decir, algo asustada.
- So, Tell me me baby, donde está la droga?
- Carlos la tiene en el auto.
- Good. Vamos a buscarla.
Salimos del edificio. Carlos está afuera en el auto, escuchando un extra que habla sobre el asesinato de un tal Rossemberg, un empresario alemán. Carlos se baja del auto y abre el maletero.
- Lemme see me stuff – Dice el viejo, con notoria ansiedad.
- Aquí está – Dices, mostrándole la mercancía
- Nice. Acompáñenme para entregarles lo acordado.
- Ehm.. Claudia, cierto? – Le dices, mirándola.
- Alcánzame mis calzones por favor. Los estás pisando – Claudia se sonroja aún mas mientras yo me pongo a reir
- T….toma. – tímidamente se acerca para pasártelos. Sus ojos siguien clavados en mis pechos.
Te levantas deshinibidamente de la cama y te vistes, lo que para ti significa andar con calzones por todos lados. Empiezas a recoger las cosas mientras te quejas por el estado en que “alguien” dejó la pieza. Me tiras mi ropa para que me vista. Claudia sigue ahí, apoyada en la puerta.
- Que pasa Claudia? Estás como perdida hoy. – Le digo para desviar su vista de mi cuerpo. La verdad no me molesta, pero no quero que se se de cuenta.
- Ah? No, nada. Es que me sorprende un poco verlas así. Disculpa que diga esto Ursula, pero Fernanda, tu eras tan fijada en los hombres, cómo pasó esto?
- No sé. Simplemente pasó – Me miras y sonríes, luego me lanzas un beso, que parece incomodar aún más a Clauda
- Ehm... Bueno, está listo el desayuno por si quieren.
- Gracias!, vamos altiro
Nos vestimos a la rápida y salimos a tomar desayuno. Ya estaban todos sentados. El desayuno transcurrió mejor que la cena de la noche anterior, Diego estaba callado, Hernán y Marcelo hablan entre ellos.
Desayunamos rápido y antes de levantarnos de la mesa, Carlos toca la bocina desde el auto, que ya nos esperaba afuera. Nos despedimos rápidamente y, despues de recoger el maletín en nuestra pieza, Bajamos y tomamos el auto.
El auto de Carlos nos lleva a una casa en el barrio Brasil. Por fuera no es mas que una casa como cualquier otra, pero por dentro todo es distinto. Música reggae invade el lugar. Un olor a marihuana que me marea desde el instante en que cruzo la puerta de entrada. Rastas fumando en todos los rincones. Un viejo de largos cabellos apelmazados se acerca a nosotros, te saluda efusivamenbte, en un torpe español.
- Ursula, me love. Como van las cosas? Supe que Peter tubo un problema gracias a ti
- Nunca me cayó bien – Le dices, sonriendo – Déjame presentarte a mi novia, Fernanda.
- Fernanda! In me Country conofí a una Fernanda.
- Si? Que divertido – dije tímidamente – Y como era?
- No me acuerdo. La maté antes de grabarme su rostro. Pero estoy seguro que no era tan linda como tú.
- Gracias – es lo que atino a decir, algo asustada.
- So, Tell me me baby, donde está la droga?
- Carlos la tiene en el auto.
- Good. Vamos a buscarla.
Salimos del edificio. Carlos está afuera en el auto, escuchando un extra que habla sobre el asesinato de un tal Rossemberg, un empresario alemán. Carlos se baja del auto y abre el maletero.
- Lemme see me stuff – Dice el viejo, con notoria ansiedad.
- Aquí está – Dices, mostrándole la mercancía
- Nice. Acompáñenme para entregarles lo acordado.
mujeres. Cap.5
El mismo auto negro que me recogió en la Blondie nos lleva a hora a tu departamento. Claudio, el chofer, se disculpa conmigo argumentando que en este negocio hay que tomar precauciones, uno nunca sabe cuando puedes encontrarte con un policía encubierto.
- Y donde vamos amor? – Me dices mientras nos vamos a tu departamento.
- No sé, ahí vemos. Cuanto dinero hay?
- Lo suficiente
- Lo suficiente para que?
- Para lo que queramos! –dijiste antes de estallar en una carcajada.
Pasamos el tiempo de viaje conversando sobre nuestros posibles destinos turísticos. Aunque en mi interior ya se formaba una idea algo macabra. Llegamos a República, nos bajamos del auto y nos encaminamos hacia el edificio donde vives. Todo está tranquilo. Nada parece presagiar lo que estamos a punto de encontrar.
Llegamos al sexto piso. Salimos del ascensor. Introduces la llave en la cerradura y al abrir…
El departamento parecía haber sido asaltado. Todo estaba fuera de lugar. La loza de la cocina yacía rota en el piso. La televisión encendida, cubierta por el mantel de la mesa. En tu habitacíon los cajones de los muebles abiertos y con su contenido volcado sobre la cama. Alguien buscaba algo, pero no lo encontró. Provablemente Peter mandó a registrar tu departamento pensando que la cocaína estaba aquí. O peor, César habló y ahora te bustan a ti también. Por el momento no lo sabemos. Lo más prudente es irnos a mi casa, nadie nos hará preguntas ahí. Llamas a Carlos que aún esperaba con el auto encendido en caso de emergencias. Nos subimos en él y nos vamos a mi casa.
Ya es casi de noche cuando llegamos. Mis amigos estaban viendo televisión, otros en la cocina conversando y Claudia, fumando un cigarro en la puerta. Ella es la primera que nos ve llegar. Se levanta, corre habia mí mientras me bajo del auto. Yo solo sonrío al verla tan efusiva, tan distinta a como es ella usualmente. Llega a mi lado, me abraza.
- Pensamos que te había pasado algo, cuando despertamos ya no estabas – Ya había olvidado cuanto tiempo llevaba afuera. – Y ella? – Dice Claudia con mala cara cuando te ve. Aún no entiendo la razón de tanta antipatía.
- Viene a quedarse conmigo. Es mi pareja y creo que está en todo el derecho de vivir aquí. Tanto como yo.
- Claro. Y nosotros que somos tus amigos no importamos cierto? Nosotros que hemos vivido juntos por casi tres años damos lo mismo.
Claudia se da vuelta y entra en la casa, pegando un portaso. No supe más de ella hasta despues de la cena. No salió de su pieza. Sólo se la oía llorar.
Mientras cenábamos, mis amigos decidieron romper el hielo y tratar de integrarte un poco más al grupo.
- Así que vas a vivir con nosotros, Ursula? – Te pregunta Hernán, mientras te increpa con el tenedor.
- Si, pero solo por un tiempo. Apenas reunamos el dinero para irnos solas, nos iremos de aquí.
- Pero tú no tenías un departamento en República? – Marcelo también entra en la discusión
- Si, pero sólo estaba arrendando y, como persdí mi trabajo. Fernanda me ofreció venir a vivir con ustedes, espero que no les molesdte, de verdad.
- Osea que ustedes ya son definitivamente pareja? – arremete diego, en lo que parece mas un interrogatorio que una conversación de sobremesa.
Decido romper la tensión del momento levantandome de la mesa y excusandome con los presentes, te pido que me acompañes. Nos vamos juntos a mi habitación, la que será nuestra habitación hasta que las cosas se calmen. El maletín queda en el piso. Nuestras ropas también. Me besas suavemente mientras mis manos recorren todos los pliegues de tu cuerpo. Poco a poco la noche y la lujuria nos van devorando hasta que ya no somos nosotras mismas.
- Y donde vamos amor? – Me dices mientras nos vamos a tu departamento.
- No sé, ahí vemos. Cuanto dinero hay?
- Lo suficiente
- Lo suficiente para que?
- Para lo que queramos! –dijiste antes de estallar en una carcajada.
Pasamos el tiempo de viaje conversando sobre nuestros posibles destinos turísticos. Aunque en mi interior ya se formaba una idea algo macabra. Llegamos a República, nos bajamos del auto y nos encaminamos hacia el edificio donde vives. Todo está tranquilo. Nada parece presagiar lo que estamos a punto de encontrar.
Llegamos al sexto piso. Salimos del ascensor. Introduces la llave en la cerradura y al abrir…
El departamento parecía haber sido asaltado. Todo estaba fuera de lugar. La loza de la cocina yacía rota en el piso. La televisión encendida, cubierta por el mantel de la mesa. En tu habitacíon los cajones de los muebles abiertos y con su contenido volcado sobre la cama. Alguien buscaba algo, pero no lo encontró. Provablemente Peter mandó a registrar tu departamento pensando que la cocaína estaba aquí. O peor, César habló y ahora te bustan a ti también. Por el momento no lo sabemos. Lo más prudente es irnos a mi casa, nadie nos hará preguntas ahí. Llamas a Carlos que aún esperaba con el auto encendido en caso de emergencias. Nos subimos en él y nos vamos a mi casa.
Ya es casi de noche cuando llegamos. Mis amigos estaban viendo televisión, otros en la cocina conversando y Claudia, fumando un cigarro en la puerta. Ella es la primera que nos ve llegar. Se levanta, corre habia mí mientras me bajo del auto. Yo solo sonrío al verla tan efusiva, tan distinta a como es ella usualmente. Llega a mi lado, me abraza.
- Pensamos que te había pasado algo, cuando despertamos ya no estabas – Ya había olvidado cuanto tiempo llevaba afuera. – Y ella? – Dice Claudia con mala cara cuando te ve. Aún no entiendo la razón de tanta antipatía.
- Viene a quedarse conmigo. Es mi pareja y creo que está en todo el derecho de vivir aquí. Tanto como yo.
- Claro. Y nosotros que somos tus amigos no importamos cierto? Nosotros que hemos vivido juntos por casi tres años damos lo mismo.
Claudia se da vuelta y entra en la casa, pegando un portaso. No supe más de ella hasta despues de la cena. No salió de su pieza. Sólo se la oía llorar.
Mientras cenábamos, mis amigos decidieron romper el hielo y tratar de integrarte un poco más al grupo.
- Así que vas a vivir con nosotros, Ursula? – Te pregunta Hernán, mientras te increpa con el tenedor.
- Si, pero solo por un tiempo. Apenas reunamos el dinero para irnos solas, nos iremos de aquí.
- Pero tú no tenías un departamento en República? – Marcelo también entra en la discusión
- Si, pero sólo estaba arrendando y, como persdí mi trabajo. Fernanda me ofreció venir a vivir con ustedes, espero que no les molesdte, de verdad.
- Osea que ustedes ya son definitivamente pareja? – arremete diego, en lo que parece mas un interrogatorio que una conversación de sobremesa.
Decido romper la tensión del momento levantandome de la mesa y excusandome con los presentes, te pido que me acompañes. Nos vamos juntos a mi habitación, la que será nuestra habitación hasta que las cosas se calmen. El maletín queda en el piso. Nuestras ropas también. Me besas suavemente mientras mis manos recorren todos los pliegues de tu cuerpo. Poco a poco la noche y la lujuria nos van devorando hasta que ya no somos nosotras mismas.
27 de febrero de 2008
mujeres. Cap.4
Llegamos a un galpón en algún lugar del sur de Santiago. El conductor me baja a punta de pistola y me pides que mantenga la calma, como si fuera fácil hacerlo con un revólver apuntando a mi cabeza. Una vez estamos lejos del auto, el conductor se sube en él nuevamente y se va del lugar. Me pides que camine tranquilamente hacia la entrada del galpón. El sol ya se asoma entre las montañas cuando al atravezar la puerta, tres hombres armados nos apuntan con ametralladoras. Una voz grave desde el fondo del galpón me hace temblar por dentro. Tenía un fuerte acento inglés
- Tanto te cuesta seguir unas simples instrucciones Ursula?
- Y terminar como el chico? No gracias
- Por tu culpa Cesar está preso, Ursula, POR TU CULPA!!!!!
- Bueno y que quieres que haga? Era él o todos nosotros
Hasta el momento no logro entender nada, y te lo hago saber. Me dices que mantenga silencio y que todo va a estar bien. Que confíe en ti.
- Y?, La tienes? – Dice el mientras sale de las sombras. Era un hombre rubio, alrededor de 30 años, piel clara y facciones delicadas. Su belleza contrastaba con su fuerte voz.
- Que crees Peter? Aquí está. – Le entregas el paquete con droga. El hombre la examina. Saca una especie de termómetro del bolsillo de su traje y lo sumerge en la cocaína.
- Esta no es mi mercancía!!! – grita furioso mientras arroja el paquete al suelo - Donde está mi mercancía!!!
Un golpe en la nuca es lo último que recuerdo antes de perder el conocimiento.
Estoy amarrada, sentada en una silla, tu estás al lado. Los mismos tipos del galpón están frente a nosotros. El semblante de Peter se ve oscuro, pese a recibir la luz del sol de lleno a travez de la única ventana de la habitación. El hedor es insoportable.
- Voy a preguntarlo amablemente por última vez. Donde está mi mercancía?
- La botaste en el galpón, no te acuerdas?
- Ursula?! – La situación ya esta fuera de control para mí y, para variar, no tengo idea de lo que está pasando
- Y tú quien eres? – Todos los pelos de mi cuerpo se erizan al descubrir que se dirigía a mí.
- Yo? Yo…. La verdad es que no debería estar aquí, es una equivocación.
- Déjame preguntártelo a ti también, Dónde está mi mercancía?
- No sé de que habla! No tengo idea que mercancía.
- Déjala tranquila. Ella no sabe nada – Por fin sales en mi defensa. Peter se acerca a ti nuevamente y toma tu cabeza entre sus manos
- Osea que tú SI sabes algo, no Ursula?
- Sólo sé que ustedes están todos muertos, gringos de mierda.
Es increíble como unas pocas palabras pueden desatar el infierno. En un abrir y cerrar de ojos, la sala se llena de balas. Todos nuestros captores yacen ahora en el piso, muertos. Ursula, de alguna manera te liberas de tus ataduras. Mientras me liberas, un hombre moreno y con largas trensas rastas te entrega un arma. Me la entregas y me besas suavemente, como pidiéndome perdón. Me miras con esos ojos de niña que tienes y te pones a hablar con los recién llegados en un idioma que despues de algo de esfuerzo identifico como inglés jamaicano.
Ya todo está tranquilo. Sin darme cuenta me metí en una “mexicana”. Mientras los jamaicanos revisan el lugar, me llevas hasta una pequeña oficina. Descuelgas un cuadro de Warhol que había en la pared maldiciendo el pésimo gusto de los gringos maricones. Detrás del cuadro había una caja fuerte. Escribes el código en el panel y ésta se abre. Sacas de ella un maletín y me lo entregas.
- Con esto pagamos nuestras vacaciones amor. – Me dices son los ojos brillantes de emoción
- Que vacaciones?
- Las que nos vamos a tomar ahora amor. Bienvenida al mundo del narcotráfico.
La verdad es que después de lo que había vivido, un poco de dinero no me parece nada de mal.
- Tanto te cuesta seguir unas simples instrucciones Ursula?
- Y terminar como el chico? No gracias
- Por tu culpa Cesar está preso, Ursula, POR TU CULPA!!!!!
- Bueno y que quieres que haga? Era él o todos nosotros
Hasta el momento no logro entender nada, y te lo hago saber. Me dices que mantenga silencio y que todo va a estar bien. Que confíe en ti.
- Y?, La tienes? – Dice el mientras sale de las sombras. Era un hombre rubio, alrededor de 30 años, piel clara y facciones delicadas. Su belleza contrastaba con su fuerte voz.
- Que crees Peter? Aquí está. – Le entregas el paquete con droga. El hombre la examina. Saca una especie de termómetro del bolsillo de su traje y lo sumerge en la cocaína.
- Esta no es mi mercancía!!! – grita furioso mientras arroja el paquete al suelo - Donde está mi mercancía!!!
Un golpe en la nuca es lo último que recuerdo antes de perder el conocimiento.
Estoy amarrada, sentada en una silla, tu estás al lado. Los mismos tipos del galpón están frente a nosotros. El semblante de Peter se ve oscuro, pese a recibir la luz del sol de lleno a travez de la única ventana de la habitación. El hedor es insoportable.
- Voy a preguntarlo amablemente por última vez. Donde está mi mercancía?
- La botaste en el galpón, no te acuerdas?
- Ursula?! – La situación ya esta fuera de control para mí y, para variar, no tengo idea de lo que está pasando
- Y tú quien eres? – Todos los pelos de mi cuerpo se erizan al descubrir que se dirigía a mí.
- Yo? Yo…. La verdad es que no debería estar aquí, es una equivocación.
- Déjame preguntártelo a ti también, Dónde está mi mercancía?
- No sé de que habla! No tengo idea que mercancía.
- Déjala tranquila. Ella no sabe nada – Por fin sales en mi defensa. Peter se acerca a ti nuevamente y toma tu cabeza entre sus manos
- Osea que tú SI sabes algo, no Ursula?
- Sólo sé que ustedes están todos muertos, gringos de mierda.
Es increíble como unas pocas palabras pueden desatar el infierno. En un abrir y cerrar de ojos, la sala se llena de balas. Todos nuestros captores yacen ahora en el piso, muertos. Ursula, de alguna manera te liberas de tus ataduras. Mientras me liberas, un hombre moreno y con largas trensas rastas te entrega un arma. Me la entregas y me besas suavemente, como pidiéndome perdón. Me miras con esos ojos de niña que tienes y te pones a hablar con los recién llegados en un idioma que despues de algo de esfuerzo identifico como inglés jamaicano.
Ya todo está tranquilo. Sin darme cuenta me metí en una “mexicana”. Mientras los jamaicanos revisan el lugar, me llevas hasta una pequeña oficina. Descuelgas un cuadro de Warhol que había en la pared maldiciendo el pésimo gusto de los gringos maricones. Detrás del cuadro había una caja fuerte. Escribes el código en el panel y ésta se abre. Sacas de ella un maletín y me lo entregas.
- Con esto pagamos nuestras vacaciones amor. – Me dices son los ojos brillantes de emoción
- Que vacaciones?
- Las que nos vamos a tomar ahora amor. Bienvenida al mundo del narcotráfico.
La verdad es que después de lo que había vivido, un poco de dinero no me parece nada de mal.
mujeres. Cap.3
El hambre me despierta a mitad de la noche. Voy a la cocina y lo único que queda es un trozo de pizza fria en el refrigerador. La caliento en el microondas y, mientras espero, mi celular comienza a sonar. Eres tú. Contesto con esa mezcla de ansiedad y nerviosismo típica del enamoramiento. Oigo tu dulce voz. Me pregunas como estoy, si estaba durmiendo, lo típico. Después de una larga conversación me das a conocer el verdadero origen de tu llamada.
- Tengo algo que decirte.
- Que pasa Ursula?
- Te acuerdas que mencioné a un tal Chico ayer cuando ví las noticias?
- Si, que pasa con él?
- Bueno, él era mi novio…. Antes… Antes de darme cuenta que era lesbiana. Terminé con él cuando supe que estaba metido en el tráfico de drogas y, pues ahora lo pillaron y me involucró a mi también.
- Que?! Pero cómo?
- Ese paquete que te entregué ayer, un kilo de cocaína pura.
- Y a ti no se te ocurre nada mejor que pasarmelo a mí?
- Eres todo lo que tengo mi amor, no puedo confiar en nadie más.
- Mejor llamo a los pacos
- No!, por favor, no lo hagas. Mira, trae el paquete donde te lo pedí. Por favor.
- Y si me pillan?
- No va a pasar, confía en mí.
- Más te vale.
Cuelgo el teléfono y me dirijo a mi pieza, saco la cocaína de su escondite debajo de mi cama y la guardo en mi mochila, se siente extraño. Llevar tanta droga junta me hace sentir poderosa, podría ganar mucho dinero vendiéndola. Pero no, no puedo traicionarte así. Vuelve a sonar mi teléfono. Me pides que nos juntemos donde nos conocimos en un par de horas. Ahí estaré.
La galería de la Blondie, 4:30 de la mañana. Dijiste que estarías aquí a las 4, aún no llegas. Un auto se detiene frente a mi, dos personas se bajan, se identifican como detectives. Cagué, pienso para mi misma. Me empiezan a hacer preguntas, describen a una mujer, eres tú. Miento al decir que no conozco a nadie con esa descripción, pero la droga en mi espalda y los nervios de encontrarme en esa situación me obligan a hacerlo. Los detectives se acercan a mí. Uno de ellos me toma por la muñeca y me dice que tengo que acompañarlos.
Ya me imaginaba la cara de mi familia, de mis amigos cuando vieran las noticias. Fernanda Olivares es detenida con un kilogramo de clorhidrato de cocaína. Es sentenciada a 20 años en prisión. Instintivamente miro hacia otrolado y es entonces cuando veo el mismo auto en el que te fuiste ayer. Avanzando por la vereda en dirección a nosotros. Los detectives tabién lo ven y comienzan a dispararle, sin la presición y velocidad necesarias. Son embestidos por el auto, éste se detiene. La puerta del copiloto se abre y desde el interior escucho una voz masculina que dice.
- Entra.
- Vamos mi amor, todo está bien – Reconozco tu voz desde el asiento trasero.
- No, mejor me voy a mi casa
- ENTRA! – Insiste la voz masculina, el cañon de un revólver brilla en la sombra del auto.
- Fernanda, hazle caso!
Me siento donde me indicaron y antes de que pueda cerrar la puerta ya estamos acelerando para irnos de ahí. La pistola sigue apuntandome.
- Lo trajiste? – Me interroga el conductor.
- Que cosa?
- No te hagay la weona. SI o NO?
- Si, si lo traje.
- Pásaselo a la Ursula.
Te entrego el paquete tal como me lo encargaste y me resigno a lo que el destino quiera para mí.
- Tengo algo que decirte.
- Que pasa Ursula?
- Te acuerdas que mencioné a un tal Chico ayer cuando ví las noticias?
- Si, que pasa con él?
- Bueno, él era mi novio…. Antes… Antes de darme cuenta que era lesbiana. Terminé con él cuando supe que estaba metido en el tráfico de drogas y, pues ahora lo pillaron y me involucró a mi también.
- Que?! Pero cómo?
- Ese paquete que te entregué ayer, un kilo de cocaína pura.
- Y a ti no se te ocurre nada mejor que pasarmelo a mí?
- Eres todo lo que tengo mi amor, no puedo confiar en nadie más.
- Mejor llamo a los pacos
- No!, por favor, no lo hagas. Mira, trae el paquete donde te lo pedí. Por favor.
- Y si me pillan?
- No va a pasar, confía en mí.
- Más te vale.
Cuelgo el teléfono y me dirijo a mi pieza, saco la cocaína de su escondite debajo de mi cama y la guardo en mi mochila, se siente extraño. Llevar tanta droga junta me hace sentir poderosa, podría ganar mucho dinero vendiéndola. Pero no, no puedo traicionarte así. Vuelve a sonar mi teléfono. Me pides que nos juntemos donde nos conocimos en un par de horas. Ahí estaré.
La galería de la Blondie, 4:30 de la mañana. Dijiste que estarías aquí a las 4, aún no llegas. Un auto se detiene frente a mi, dos personas se bajan, se identifican como detectives. Cagué, pienso para mi misma. Me empiezan a hacer preguntas, describen a una mujer, eres tú. Miento al decir que no conozco a nadie con esa descripción, pero la droga en mi espalda y los nervios de encontrarme en esa situación me obligan a hacerlo. Los detectives se acercan a mí. Uno de ellos me toma por la muñeca y me dice que tengo que acompañarlos.
Ya me imaginaba la cara de mi familia, de mis amigos cuando vieran las noticias. Fernanda Olivares es detenida con un kilogramo de clorhidrato de cocaína. Es sentenciada a 20 años en prisión. Instintivamente miro hacia otrolado y es entonces cuando veo el mismo auto en el que te fuiste ayer. Avanzando por la vereda en dirección a nosotros. Los detectives tabién lo ven y comienzan a dispararle, sin la presición y velocidad necesarias. Son embestidos por el auto, éste se detiene. La puerta del copiloto se abre y desde el interior escucho una voz masculina que dice.
- Entra.
- Vamos mi amor, todo está bien – Reconozco tu voz desde el asiento trasero.
- No, mejor me voy a mi casa
- ENTRA! – Insiste la voz masculina, el cañon de un revólver brilla en la sombra del auto.
- Fernanda, hazle caso!
Me siento donde me indicaron y antes de que pueda cerrar la puerta ya estamos acelerando para irnos de ahí. La pistola sigue apuntandome.
- Lo trajiste? – Me interroga el conductor.
- Que cosa?
- No te hagay la weona. SI o NO?
- Si, si lo traje.
- Pásaselo a la Ursula.
Te entrego el paquete tal como me lo encargaste y me resigno a lo que el destino quiera para mí.
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