26 de junio de 2018

Renacimiento. Ep. 1

Tres cosas quedaban en el clóset de lo que alguna vez fue su hogar: Una polera vieja, desgastada y roñosa, que no se animaba a tirar porque le recordaba a su juventud. Tiempos mejores, pensaba. Antes de conocerla y que todo quedara impregnado con su esencia. Un disfraz que nunca se usó, no porque no se quisiera, sino porque nunca se dio la oportunidad y, para ser honestos, el roleplay era algo que solo se hacia cuando ambos estaban demasiado ebrios. Finalmente, dos cartas. Una de cada uno. Escritas a mano, con letra temblorosa producto de los nervios, el alcohol y lo que sea que haya sido esa pastilla verde. Incoherentes y apresuradas, como tratando de encapsular todo aquello que se sentía en el momento. Nunca se leyeron, ya era demasiado tarde. Siguen ahí, en sus sobres cerrados. Ya amarillos por el paso del tiempo. Aferrándose a la ilusión: Mientras no se abran, mientras no se lean, mientras no se recuerden, la esperanza sigue ahí.

"Sería más fácil quemarlo todo", pensaba. Incluyéndose a si mismo. Pero la verdad es que el miedo (no a la muerte, sino al dolor) es lo que evitaba que destruyera todo en ese mismo instante. siempre fue un cobarde, se decía a si mismo. Incluso cuando la vio salir por esa puerta por última vez. Esa puerta que tantas veces la recibió. Que abrió ella misma, con esas llaves que ahora están quizá donde.

Afuera, su auto, que ahora odiaba porque aún le recordaba esa vez que fueron a Mendoza. Que no había podido manejar por más de 10 minutos a la vez desde que todo se fue al carajo. Pensó en manejar, pero no. Hoy caminaría hasta su nuevo departamento y haría lo que hacía casi todas las noches: Despertar en la mitad de la noche, vestirse, rolar un cigarro y servir ese whisky barato que a ella tanto le gustaba. Total, el estacionamiento aún era "legalmente" suyo.

Pero lo más terrible, lo que de verdad le quitaba el sueño (mas allá de la falta de lo que sea que ella había entregado) era la culpa. Nunca le gustaron las dudas (es mas fácil pedir perdón que permiso, siempre decía, era su excusa). Siempre hizo lo que pensó era lo mejor y, por primera vez en mucho tiempo, se equivocó. Hizo una apuesta que no pudo cubrir y eso le costó todo.

Eso pensaba él, mientras cerraba por fuera esa casa que por un tiempo consideró su hogar y donde ahora no había nada más que un letrero de "Se vende".

Pero es fácil juzgar cuando no se conoce la historia. No es tan compleja, se las cuento ahora...

18 de octubre de 2008

pausa

por que a veces necesito una patada en la cabeza para ponerme a escribir de nuevo

Quien se ofrece?

31 de marzo de 2008

sola

Ella subió en la estación Salvador. Creí que iba a hacer trasbordo a la línea 5, pero se mantuvo dentro del vagón, como esperándome. Me prometí que si no se bajaba en Los Héroes le hablaría. No se bajó. A veces, nuestras miradas se cruzaban y yo trataba de entablar conversación, pero los nervios me traicionaban. Cuando ella se bajó en República decidí seguirla. Vi como subía las escaleras y corría a besar a quien la esperaba en la estación. Desilusionado volví al andén, un nuevo tren abrió las puertas. Entré y miré hacia las escaleras, ella bajaba llorando. Sola



13 de marzo de 2008

vecinos. Cap 2

La micro se demora algo más de lo esperado en el trayecto del supermercado a la casa. Las 3 bolsas que llevo llevan apenas lo suficiente para poder sobrevivir unos cuantos dias. Me bajo del bus. Doblo la esquina y entonces la veo, una patrulla de carabineros y una ambulancia estacionadas frente al edificio. Subo las escaleras sin siquiera detenerme frente al ascensor y llego jadeando a nuestro piso. Ahí estabas tú, tu cabeza bañada en sangre, sentada en el piso mientras un paramédico checkeaba que todo estubiera bien. El bastardo de tu novio yace inerte en la entrada de tu departamento. La garganta brutalmente cercenada, su brazo derecho completamente destrozado y su mano aún sosteniendo un revólver. Un policía lo cubre ya con la lona celeste con la que tapan a los muertos. Me viste. Tu voz suena quebrada cuando pronuncias mi nombre. Las bolsas caen al suelo mientras corro a abrazarte…



Comenzamos a conversar cuando, como en tantas películas y novelas, mi falta de organización hogareña me obligó a acercarme a tu puerta y golpear para pedir algo con que endulzar mi café. Abriste la puerta. “Si?” Me dijiste cuando abriste la puerta. Con una irónica sonrisa respondí. “Disculpa lo cliché de la situación, pero, me podrías prestar un poco de azucar?”. Sonreíste. Me invitaste a pasar. Me pediste disculpas por el desorden. Entraste a la cocina y me dijiste “Tengo azucar justa para dos tazas de café. Te importa si la tomamos juntos?. Despues de todo hay que conocer a los vecinos”. Y así transcurrió nuestro primer desayuno, entre tazas de café y cigarros. La hora voló y tuve que partir.

Nunca pensé que un par de días despues, la situación de invertiría y serías tú ahora quien estaría en mi puerta usando una frase cliché como excusa para poder pasar un momento juntos. Comenzamos a acostumbrarnos a eso, a desayunar juntos. Nuestra relación fue creciendo. Éramos más que amigos, menos que amantes. Había entre nosotros una confianza y comprensión plenas. Muchas veces te aconsejé. Muchas veces me dijiste que él cambiaría. Otras veces, las mas, llegabas con los ojos inundados de lágrimas y pasábamos horas en la cama, tú llorando y yo consolándote.

…Estallas en lágrimas en el momento en que mis brazos rodean tu cuerpo, como sintiéndote ya en casa, segura. El fiscal ya llegó y, tras mirar la evidencia, te envía a realizar exámenes y constatar de lesiones para determinar si fue en defensa propia. El paramédico toma suavemente tu brazo y te indica que es hora de ir. Te levantas, te digo que nos veremos luego, que no te preocupes. Tú tratas de sonreír y te vas con ellos. Los carabineros terminan su labor en la escena y se llevan el cuerpo de quien atentó tantas veces contra ti.

Ya todo había acabado. Pronto podrías volver a tu departamento y a nuestros desayunos juntos, ahora sin llantos. Enciendo un cigarro para calmar mis nervios y me asomo a la ventana. La ambulancia parte mientras su sirena resuena estridente entre las calles de la ciudad. La noche había caido sin que me diera cuenta y ahora el cielo gris amenaza con romper en lluvia…

Sus gritos y los tuyos me despertaron temprano en la madrugada. Encendí la luz de mi habitación mientras le oía gritarte y amenazarte de muerte. Esos celos enfermizos, esa mirada de odio que lanzaba cada vez que me veía. Ese día no lo soporté mas y en cuanto se fue golpeé a tu puerta. Te pedí que nos fuéramos lejos. Que te olvidaras de él y partiéramos donde nadie nos conociera y comenzáramos una vida nueva. Por millonésima vez me juraste que él cambiaría. Que dejaría de tratarte mal y que ese mismo día volvería con un ramo de flores y las cosas por fin serían como siempre las habías soñado. Tu rostro ya se estaba hinchando y comenzaba a tomar el color oscuro típico de los golpes. Por millonésima vez también te pedí que te cuidaras y que me llamaras si me necesitabas. Me despedí de ti, cogí un cigarro y salí a tomar fotografías como suelo hacer.

10 de marzo de 2008

vecinos. Cap 1

El sonido de tu piano me despierta temprano en la mañana. De entre el desorden de mi habitación selecciono unos pantalones relativamente limpios y la única camisa que todavía no apesta. Enciendo mi primer cigarro del día mientras ejecutas virtuosamente algunos movimientos de algún compositor que no logro identificar. Tu música me droga, altera mi realidad. Suelo encontrarme a mi mismo sentado en el sillón, con los ojos cerrados y con una colilla apagada entre mis dedos, tan solo con tu música como compañía.


Las melodiosas notas se interrumpen violentamente al comenzar los gritos de tu pareja. Poco después, las ya tan comunes peleas, la quebrazón de platos, los gritos de dolor y, finalmente, un portazo y tu llanto ahogado junto a la ventana. Las cosas siempre han sido así…

Recuerdo cuando llegaron al departamento junto al mío, una pareja joven, al parecer culta, sin nada que pareciese de valor más que un piano de cola, negro azabache, magníficamente conservado.

Fue mas tarde, despues del ajetreo tan típico de las mudanzas, que pude escucharte tocar por primera vez. Las dulces notas surgían magníficas al tocar las tecas con tus bellas manos. Me enamoré de tu música, y a través de ella, de quien la ejecutaba con tanta maestría.

No fue si no hasta casi un mes despues que te ví por primera vez en detalle. Era tarde en la noche. Nos topamos de casualidad en el hall de entrada y tomamos juntos el ascensor. Llevabas tu rubio pelo tomado en una cola que descendía seductoramente por el escote de tu vestido. Un leve olor a alcohol te delató, habías estado bebiendo.

“Hola” fue la primera palabra que escuché de tus labios, y tu bello rostro, maquillado por el vino, me pareció más hermoso entonces que nunca después. “Hola” te respondí, y no supe que más decirte. El ascensor se detuvo en un piso que no era el nuestro, un hombre subió y la magia se acabó. Nos despedimos con la mirada y cada uno entró a su mundo. A su espacio. A tu música y belleza. A mi olor a tabaco y encierro.


…Tus llantos cesan lentamente. Recuperas la calma. Sales de tu departamento y tus fágiles manos golpean mi puerta. Tu rostro, amoratado e hinchado por los golpes tus ojos inyectados de sangre por el llanto. Me abrazas, rompes a llorar de nuevo mientras me preguntas por qué te tocó vivir esta vida. Por qué no te enamoraste de mí. Por qué sigues aguantando a ese bastardo.

Un café, una ducha tibia y ya estás mas calmada. Por enésima vez trato de convencerte de que denuncies a ese hijo de puta. Pero tus respuestas son siempre negativas. La caja de cigarros vacía descanza arrugada cobre la mesa y el último cilindro agoniza humeante entre mis labios, a punto de extinguirse.

Te levantas, me abrazas, me agradeces por escucharte y me dices que te vas. Yo tomo tu brazo al vuelo, te miro a los ojos, pienso en todo lo que puede haberte dado y te suplico que te cuides. Tú me sonries, con los ojos aún inyectados de sangre, y te acercas a besar mi frente. “A mi también me gustaría”, me dices. Cierras la puerta y te vas. Momentos despues, me encuentro llamando al ascensor para ir a comprar más cigarros. Un Réquiem suena en el fondo, como profetizando un posible desenlace fatal.

7 de marzo de 2008

mujeres. Cap 13 (final)

Aquella fue la última conversación que tuvimos, la última vez que nos besamos. Pienso en esos momentos ahora y no entiendo cómo no me di cuenta antes. Cómo no vi tu traición y tus mentiras. Recuerdo esos dos días en el hotel y lloro por nosotras. Te amo todavía, a pesar de todo. Te comenté esa noche sobre lo que dijo el botones. Tú no pareciste sorprenderte.


- Pero estás segura que no es una trampa? – Te dije, justo antes de partir.
- Segura. Confía en mí amor, dentro de poco todo habrá acabado.

Carlos había llegado durante la madrugada, y nos esperaba en el lobby del hotel cuando bajamos para partir al desierto. Tu cabello estaba recogido en una hermosa cola de caballo que caía lisa y seductora desde tu nuca.

El viento jugaba con mi cabello mientras salíamos de la ciudad y el Sol calentaba ya nuestra piel con los primeros rayos de la mañana. Tal como nos había dicho, el botones, sin el uniforme con el que lo habíamos visto en el hotel, nos esperaba en la salida. Junto a él, dos desconocidos esperaban dentro de una camioneta.

- Temía que no vinieran. Vamos, no tenemos tiempo que perder. – Dijo antes de subirse en el asiento del conductor de la camioneta. – Síganme.

Ahora entiendo tu hermetismo, amor, cuando te preguntaba sobre nuestro viaje al desierto con el botones. Cuando hablabas por celular a media voz, tratando que nadie te oyera.

Llevábamos ya 20 minutos siguiendo al botones cuando me pasaste este chaleco anti balas, y la pistola que acabó con tu vida. Me dijiste que todo acabaría pronto, que las armas y la protección eran sólo como disuasión. Sólo cuando nos bajamos, junto a otra camioneta idéntica a la que seguíamos, que me explicaste lo de la transacción de drogas. Carlos esperaría en el auto.

Lo que vino después fue una extraña sucesión de imágenes fijas. Algo salió horriblemente mal. Vi a los desconocidos de la camioneta bajarse y tomarte de los brazos. Vi a Sanka bajarse de la otra camioneta y al botones acercándose a saludarlo. Los vi humillarte, golpearte, ultrajarte. Tu brazo roto colgaba en una grotesca posición detrás de tu cabeza, mientras uno de los bastardos rompía tus pantalones. Fuiste violada mas veces de las que puedo contar, frente a mi, mientras yo me encontraba en un estado de catarsis. Incapaz de reaccionar.

Sanka se acercó a mí y me susurró al oído que yo era la siguiente. Recuerdo haberme enfurecido. Miré al negro bastardo a los ojos y desenfundé la pistola. Apreté el gatillo antes que los demás pudieran darse cuenta de lo que estaba pasando. Carlos disparó desde el auto a quien se encargaba de custodiarlo. Comenzó entonces un tiroteo, parapetados tras los autos. Como pude te arrastré hasta donde Carlos se encontraba disparando, detrás de una de las camionetas. Dos mal nacidos cayeron antes de que un el botones terminara con la vida de Carlos con un certero disparo en el corazón.

Todo quedó reducido entonces a la escoria humana que nos disparaba y nosotras.

- Podemos estar así un buen tiempo, señoritas.
- Cállate! Te voy a matar!

No sé cuanto tiempo pasó antes de escuchar el grito del botones. Un escorpión lo había picado. La distracción fue suficiente y en tres pasos llegué a su lado. Me miró entonces y se supo derrotado.

- Te voy a hacer pagar, hijo de la grandísima puta!!

El primer disparo atravesó su pie derecho. Su grito se vio silenciado por otro disparo en el pie contrario. Fueron trece en total amor, trece disparos que no se comparan a lo que sufrimos nosotras. Cuando la última bala dio en su cráneo volví a ti, a tu agonía.



Fue donde te ví entonces donde yaces ahora, muerta. Tus ojos casi inexpresivos me comunicaron una verdad que no quería aceptar. No lo lograrías. Tenias dos impactos de bala en el abdomen, tus ropas destrozadas, y tus brazos y piernas estaban fracturados. Ibas a morir. Apunté a tu cabeza, Y comencé a pedirte disculpas mientras las primeras lágrimas caían de mis ojos. Disparé…

Me senté entonces en una pequeña roca, a dos metros de tu cuerpo sin vida. Tomé una vieja libreta que estaba en el auto de Carlos y comencé a escribir nuestra historia, ya sabes como termina.

Una nube de polvo se levanta desde el desierto a lo lejos, lejanas sirenas anuncian que es la policía. Nada de eso importa ya. Tomo la pistola que descansa a mi lado, introduzco el cañón en mi boca cuidando de apuntar detrás del paladar. La policía se acerca, puedo distinguir ya a las 3 patrullas. No importa, cuando lleguen, amor, estaremos juntas de nuevo. Cierro mis ojos, presiono el gatillo. Click. No quedan balas.


6 de marzo de 2008

como chucha llegaste? Vol I

Ya, el blog tiene algunas visitas y de a poco está creciendo. Es por eso que lanzaremos una nueva sección y, copiando a NPC les presento.... "Como chucha llegaste?". Una sección extraída directamente desde las estadístics de google para que sepan como está llegando la gente al blog.

Mas info después del salto...


Ránking top ten de las búsquedas mas extrañas...
10.- anima sola como es su nombre verdadereo
que poético. que tiene que ver conmigo?

9.- blog sushi
eso me gustó, pero acá no vendemos de eso.

8.- hormigueo en la espalda
pues ráscate

7.- mrpuck
el mismo que viste y calza

6.- que significa la palabra remate
alguien tiene un diccionario?

5.- que significa traviesa
leer Nº 6

4.- que significa weon
por ahí hay un monólogo del temita

3.- sex
¬¬ caliente de mier...

2.- valparaiso
hermosa ciudad portuaria

y por último, el mas WTF del día...
1.-¿que pasa si mi perro se comio un condon?
sin comentarios...

5 de marzo de 2008

mujeres. Cap 12

El avión aterriza sin novedades en el aeropuerto de Arica. El ajetreo del desembarco y el movimiento típico del aeropuerto me ayudan a olvidar las cosas que dejamos atrás, aunque sólo sea por un tiempo corto. Una brisa tibia despeina nuestros cabellos cuando salimos del edificio principal mientras el aire de mar inunda mis pulmones. Nos registramos en un hotel, no muy caro, pero acogedor. Del tipo que ocuparías en un viaje de negocios o en un fin de semana lejos de casa.


Comienza la media tarde y nosotras ya estamos bajando a la piscina del Hotel, dispuestas a descansar un poco del agotador viaje. Caminamos seguras de nuestra belleza. Las miradas de los hombres presentes no se hacen esperar y, mientras te tiendes cuan larga eres junto a la piscina, yo saco el bronceador y comienzo a untártelo en la espalda.

- Amor, por qué no te desamarras el bikini? Se te puede manchar. – Te digo, en voz alta, para que puedan oírnos.
- Desamárramelo tú, por favor.
- Mejor sácatelo, para que el bronceado quede parejo.

Te sacas el sostén sin pudor, revelando gran parte de tus atributos. Las miradas atónitas del público presente se fijan en tus pechos cuando yo unto bronceador sobre ellos. Te acercas, me abrazas y me besas. Comenzamos a jugar como dos niñas despertando a la sexualidad. Un empleado del hotel se acerca a nosotras, es jóven, no más de 25 años, su rostro está completamente ruborizado.

- Discúlpenme señoritas. – Dice, despues de aclarar su garganta.
- Dime? – respondes, antes de reir por las cosquillas de mi lengua en tu cuello.
- Hay algunos huéspedes que se sienten de alguna manera pasados a llevar con sus muestras públicas de afecto. Sería posible que, de alguna manera, se moderaran?
- Mmm… Está bien, pero con una condición – Dices. Tu mirada revela segundas intenciones
- Cual sería esa? – Responde el botones, algo dubitativo.
- Quiero que subas a nuestra habitación hoy en la noche.
- Pero eso es en contra de las políticas del establecimiento.
- Entonces seguiremos en lo que estábamos
- Está bien. Haré lo posible. – El botones da media vuelta y se va. Notoriamente molesto.
- Es él.
- Cómo?
- Nuestro contacto, es él.
- Contacto? Qué contacto?
- Más tarde te lo explico. Por ahora déjame broncearme un poco.

Te acomodas en la silla y cierras los ojos para tomar una siesta, yo tomo un libro que había traido y me pongo a leer, pero lo que dijiste sigue dando vueltas en mi cabeza. Después de un rato, me tiendo junto a ti en una silla y me dispongo a dormir.

El mismo empleado me despierta bruscamente de lo que, hasta el momento, había sido un sueño perfecto. En su defensa me aclara que es hora de cerrar la piscina y despejar el área. No te veo por ninguna parte. Asumiendo que estás en la habitación, entro al hotel y me acerco al ascensor. El botones, que me ha estado siguiento, se detiene detrás de mí.

- Tenemos que hablar
- Perdón?
- Espérenme al amanecer en la salida de Arica hacia el desierto – Da media vuelta y se va.

El ascensor abre sus puertas y entro en él. Llego al décimo piso, donde está nuestra habitación. Me acerco a la puerta, deslizo la llave en la chapa y entro.

- …No te preocupes, ahí estarán. El cargamento es nuestro.
- Amor?

4 de marzo de 2008

mujeres. Cap 11

Es curioso como las cosas que nos ocurrieron mientras estuvimos juntas son tan fáciles de escribir ahora que no estás. Hay muchas cosas que no recuerdo bien, especialmente lo relativo a la muerte de mis amigos. No tengo recuerdos claros sobre el funeral de Hernán, excepto que lloraste, mi amor. Lloraste como nunca te había visto llorar. Eso y que Diego y Marcelo volvieron a vivir con sus respectivas familias, vendimos la casa y repartimos el dinero en partes iguales. Nosotras volvimos a tu departamento y, por un tiempo, todo pareció calmarse. No supimos más de Sanka ni de la droga hasta un par de meses, cuando una llamada en la mitad de la noche nos despertó.



- Alo?
- Yo! Ursula me love! Como está todo
- Que queres Sanka, son las 4 de la mañana.
- Está Fernanda?
- Llámala en la mañana. – Colgaste el teléfono antes de que Sanka pudiera responder.
- Era Sanka?
- Si, quería hablar contigo. Le dije que llamara en la mañana

Volvimos a dormir. A la mañana siguiente y mientras tú te duchabas, el teléfono volvió a sonar. Sanka de nuevo, quería verme. Te lo expliqué de manera rápida mientras terminava de vestirme.

- Ten cuidado, no sabemos lo que quiere ahora ese negro de mierda. – Me gritas desde la ducha
- Si amor, no te preocupes, cualquier cosa te llamo.
- Estás segura que no quieres que te acompañe?
- Estoy bien, llevo la pistola.

Dejo atrás la puerta del departamento, bajo a la calle y tomo un taxi, mientras parte, me parece ver un vehículo de investigaciones detenerse frente al edificio, el taxi dobla la esquina y lo pierdo de vista.

Llego donde Sanka, hay menos gente que lo acostumbrado y ya no suena la música. El Jamaicano se ve demacrado, sus años se marcan aún más en el angustiado rostro.

- Necesito tu ayuda – Me dice, con un tono que denota desesperación.
- Que pasa Sanka?
- La mitad de mi gente ha sido deportada a Jamaica y la policía está buscándome, necesito un lugar donde esconderme.
- Ya. Y? Qué tiene que ver eso conmigo?
- Eres la única que puede ayudarme!, pero eso no es lo peor. Creo que Ursula puede estar ayudándolos
- Ayudando a quién?
- A la policía! De que otra manera explicas que hayan decomisado un cargamento en Arica? Nadie más sabía!
- Y por que no me lo dijiste antes? – No podía creer lo que Sanka me decía. Mi amor, si lo hubiera sabido entonces.

Mi única reacción fue abofetear al negro de mierda y volver al departamento. Ahí estabas tú, esperándome, tan radiante como siempre. Las maletas estaban hechas. Por alguna extraña razón, decido no comentarte la conversación que tuve con Sanka.

- Y esas maletas?
- Nos vamos amor – Me dices, con esa sonrisa de niña que tienes
- Dónde?
- A Arica. Te tinca? Quiero bañarme en una playa del norte.
- No sé, tengo un par de negocios que atender en Santiago esta semana…
- Vamos! Va a ser divertido! – Tu poder de convencimiento termina por derrumbar mis defensas y acepto.
- Ya, vamos.
- Ya!!! Tenemos una hora antes que salga el avión

Llegamos al aeropuerto, tomamos el avión. Despegamos. Si hubiera sabido entonces mi amor. Si hubiera sabido. No habría tomado ese vuelo, te habría obligado a quedarte en Santiago. Quizás aún estarías viva. Quizás aún estaríamos juntas.

2 de marzo de 2008

mujeres. Cap 10

Hoy llueve. El funeral empieza en una hora, tú decidiste no ir, no te gustan mucho esas cosas. Hernan y los demás están listos. Yo aún no puedo convencerme de que Claudia haya muerto. Nos reunimos todos en la iglesia donde velan a nuestra amiga y nos subimos en el auto de Carlos para seguir a la pompa en progresión hacia el cementerio. Ya llegamos, las lágrimas no han brotado aún de mis ojos, y no creo que lo hagan. De alguna manera, siento que Claudia está mejor ahora, quizás con su hijo, feliz en ese extraño lugar donde va la gente cuando muere.


La familia de claudia va en procesión detrás del ataúd negro azabache hasta la cima de una pequeña colina, coronada por un sauce. Un gran sentimiento de culpa me abruma, todo esto es mi culpa, si no le hubiera pasado el dinero claudia seguiría viva, y quizás tú tambien. No es tan difícil imaginarse lo que hubiera pasado si su hijo hubiera nacido. Hernán se habría casado con ella. La lluvia ya cesó

La ceremonia es desgarradoramente triste. Todo el mundo llora la muerte le nuestra querida amiga, pero yo no. Yo no puedo llorar, por mucho que lo intente. Te veo a lo lejos, donde nadie puede distinguirte, mirando la ceremonia. Al final si viniste, y presentas tus respetos hacia Claudia a tu manera. De pronto, Hernán rompe a llorar y de lanza sobre el ataúd que ya había sido dejado sobre los bastidores antes de enterrarlo definitivamente.

- Si tan solo me lo hubieras dicho. – Dice Hernan entre sollozos.

Paseo la vista entre los asistentes cuando la mirada fulminante de su madre se posa en mí. Veo reflejada en ella el odio hacia mi persona, culpándome por lo que le pasó a su amada hija. La verdad es que no se veían hace casi dos años, cuando llegó a vivir con nosotros cansada de los golpes y abusos en su hogar.

Después de la ceremonia de rigor, el cuerpo sin vida de nuestra amiga desciende a su última morada y es luego cubierto con tierra hasta emparejar el terreno. Mañana en su lugar habrá una linda lápida que recuerde lo buena que fue Claudia en vida. Todas esas cosas que hacen para recordar a los que partieron antes que nosotros.

El cuerpo de Claudia ya está enterrado y nosotros nos vamos. Hernan decide quedarse, quizás conciente ahora de lo mucho que le importaba Claudia. Descendemos la colina con un viento frio del oeste como compañía. Me imagino a Claudia en ese viento, despidiéndose, no sé por qué.

Llegamos al sendero y, justo antes de subirnos al auto, un trueno raja el cielo, descargando la lluvia sobre nosotros nuevamente. Miro hacia atrás y veo a Hernan con un cigarro en su boca.

- Hernán no fuma – digo para mi misma.
- Déjalo, dale ese gusto. Tiene derecho a fumar – Me dice Marcelo mientras se sube en el asiento del copiloto.

La lluvia cae fuerte sobre el cementerio. Veo la mano de Hernán sacar algo de su bolsillo. Demasiado tarde me doy cuenta de lo que es. Bota el cigarro al piso, el cañón del revólver toca su sien y se escucha el sordo sonido de un disparo amortiguado por el trepicar de la lluvia en el suelo. El cuerpo inerte de Hernán se desploma sobre la tumba de Claudia.

Conmoción, todos nos acercamos corriendo al cuerpo inerte de nuestro amigo, aún sin poder creer lo que acabamos de presenciar. Dos amigos, en menos de una semana. Entre el caos y la conmoción, Diego comienza a marcar números en su celular. Llama para pedir una ambulancia.

- Ya no hay nada que hacer, está muerto – Dices, entrando al círculo de gente que rodea el cuerpo de Hernán.
- Quizás todavía esté vivo!! – Te Responde Claudio.
- Mira su cabeza de nuevo y dime si crees que está vivo!! – Lágrimas salieron de tus ojos al gritarle a Claudio. Nuestro amigo mira la masa informe que era la cabeza de Hernán y cuelga el teléfono
- No, ya está muerto.


1 de marzo de 2008

mujeres. Cap 9

En el momento que enciendo el primer cigarro, algo me dice que Claudia no está muy bien. Imagino la espátula raspando su útero, la sangre derramada, la vida exterminada en un instante. Y por alguna perturbadora razón, lo único que viene a mi mente producto de esos pensamientos, eres tú, Ursula.



Las horas pasan y los cigarros se deshacen en humo y nervios que la nicotina no logra calmar. Espero en la plaza mientras veo las nubes teñirse de los fuertes colores del atardecer. Una llamada en mi celular. Contesto. El doctor me avisa que la operación ha terminado y que todo está bien. Le pido hablar con Claudia, pero él me responde que por ahora eso es imposible ya que aún está bajo los efectos de la anestesia. Me dice que puedo ir a recogerla al día siguiente. La idea no me convence y se lo hago saber.

- Preferiría verla ahora mismo.
- Insisto señorita, eso no va a ser posible.
- Voy a ir a verla.

Cuelgo el celular y mientras camino al departamento donde funciona la consulta, decido llamarte y contarte lo sucedido.

- …Y eso es lo que pasa, me puedes venir a buscar amor?
- Voy. Espérame en Bilbao con Pedro de Valdivia. Nos encargaremos juntas de esto.

Veinte minutos después veo al auto negro de Carlos acercarse por Bilbao. Estacionan en un pequeño pasaje cerca de la plaza y al bajarse del auto, logro ver la culata de la pistola asomando desde tu pantalón. Mientras me besas, deslizas una pistola entre mis ropas. Carlos nos acompaña.

- Vamos amor, donde es exactamente?
- Ves esos departamentos de ahí? Esos son.
- Vamos Carlos, mejor nos acompañas esta vez. – Le digo a Carlos.
- Tú guías, yo sigo Fernanda.

Entramos al edificio y golpeamos la puerta del departamento donde dejé a Claudia. Nadie contesta.

- Doctor, salga. Sólo queremos ver a nuestra amiga.
- Claudia!, me escuchas? Soy Ursula!
- Carlos, ayúdame a abrir esta puerta – Le digo mientras tomo impulso para tratar de abrirla al la fuerza.
- Déjame a mí.

Carlos se aleja un poco y, con la pistola cargada y lista, patea la puerta. No cede. Con otra patada en un lugar estratégico la puerta y las bisagras comienzan a ceder. Un tercer golpe en la chapa y la puerta por fin se abre. Hay un extraño olor en el ambiente. Las cortinas están cerradas y la habitación que sirvió como sala de operaciones está en total oscuridad. Un bulto se vislumbra en la oscuridad. Enciendo las luces y ahí está Claudia, desnuda, cubierta solamente por una sábana blanca y con una gran mancha roja saliendo de su entrepierna. Es sangre.

mujeres. Cap 8

Si hubiera sabido entonces las cosas que pasarían, habría tomado el dinero y habría desaparecido, te hubiera llevado conmigo y nos hubieramos ido del país, antes que todo saliese de control. Antes que pasaran las horribles cosas que empezaron a pasar desde que conocí a Sanka. Te extraño tanto amor. Pero pronto me reuniré contigo. Sólo espérame un poco más. Quiero que todos sepan lo que vivimos juntas.


El taxi se demora menos de lo habitual en llegar a la clínica. Claudia está nerviosa, pálida. La recepcionista anota sus datos y mientras esperamos que nos atiendan leemos revistas viejas, de esas que abundan en las salas de espera. Finalmente, desde el pasillo una enfermera llama a Claudia.

- Claudia Fuentes?
- Aquí – responde ella. – Vamos – me dice mientras se levanta.

Entramos a la oficina del médico, un señor calvo de aspecto bonachón. Tras las preguntas de rigor, y el olor a anestesia que invade el lugar, prefiero ir al grano y ahorrar toda la charla.

- Doctor, lo que queremos preguntarle es algo que va en contra de toda ética, pero conociendo sus antecedentes y tomando en cuenta que estamos en confianza, iré directo al grano.

La sonrisa del doctor desaparece de su rostro y sus manos se entrecruzan, nerviosamente.

- Mi amiga quiere abortar. – Digo, sin bacilaciones
- Un millón de pesos.
- Los quiere en efectivo? – Respondo de inmediato.

El doctor levanta el teléfono, marca un anexo y le dice a la enfermera al otro lado de la línea:

- Angélica, cancela las horas para el resto de la tarde por favor, no voy a poder atender.

Dicho esto, se levanta, comienza a recoger sus cosas y nos dice:

- Nos vemos en 2 horas en Bilbao con Pedro de Valdivia, la operación se hará en otro lugar.

Nos despedimos de él, nos levantamos de nuestros asientos y salimos de la clínica. Las nubes comienzan a formar extrañas figuras en el cielo. Claudia no ha hablado una palabra desde que entramos a la oficina del médico.

- Estás segura que quieres hacer esto? – Le pregunto.
- ….Si… - Responde, aún dudando.
- Claudia, no es necesario que lo hagas.
- Voy a hacerlo!
- Entonces vamos.

La caminata hasta Bilbao nos sirvió para relajar a Claudia y hacer correr el tiempo hasta la hora indicada. Puntualmente aparece el médico en la esquina y nos pide que le acompañemos.

- Todo está listo en la sala de operaciones.

La sala de operaciones no es más que un departamento que cuenta con una camilla, algunos elementos básicos para operar y un monitor cardiorrespiratorio.

- Desnúdese y recuéstese en la cama, por favor. – Le dice a Claudia. – Usted me temo, va a tener que esperar afuera. – Me dice.

Salgo de la habitación y mientras espero, decido comprar una caja de cigarros, la primera en mucho tiempo.

29 de febrero de 2008

mujeres. Cap.7

En ese momento, mi celular suena. Es Claudia. Me dice que algo ha pasado y que necesita hablar urgente conmigo. Me despido de Carlos y del viejo, el que se identifica como Sanka mientras me abraza. Te beso tiernamente como muchas otras veces y luego te pregunto a que hora llegas. No sabes, me respondes. Pero que me llamarás si algo pasa.



Llego al café donde Claudia me pidió que la encontrara, ahí está ella. Se ve nerviosa. Me siento frente a mi amiga y el camarero me pregunta si deseo algo. Una tasa de té verde y una tartaleta de nuez son suficientes. Claudia no quiere nada. Comienzo a sospechar de qué se trata, tomando en cuenta su comportamiento en la mañana. Pero sólo despues me doy cuenta de lo equivocada que estaba.

- Feña – Dice, con ese diminutivo que usa siempre que necesita ayuda o consejo, mirando su café a medio tomar – Hay algo que necesito desahogar
- Que pasa? Cuentame. Para eso estan las amigas.
- Estoy embarazada.

Después de 3 tazas de te verde y un par de cigarros, por fin puedo procesar lo que Claudia me dice.

- Pero, de Quién?
- De Hernán
- Hernán?! Pero si él está pololeando!
- Si sé, pero, me gustaba, nos curamos un dia y pasó.
- Y él sabe?
- No
- Bueno amiga, no hay mucho que hacer, hay que decirle y…
- Si hay algo que hacer – Me interrumpes.
- Qué?
- Voy a abortar.

Mi celular suena nuevamente. Eres tú, me dices que no llegas hoy, que vas a acompañar a Sanka a finiquitar un negocio y a tomar posesión de la mercancía de nuestro difunto amigo Peter. Te digo que te amo por millonésima vez en el dia y cuando corto, Claudia está llorando.

- Acompañame Feña, por favor. No quiero hacer esto sola.
- Pero dónde vamos a ir? Conoces algún doctor que lo haga?
- Si, una compañera de Universidad una vez se hizo uno. Aunque no es barato.
- Vamos a la casa, allá hablamos bien.

Pagamos la cuenta y paramos al primer taxi que vemos pasar. Llegamos a la casa. Claudia me sigue tímidamente hasta que llegamos a nuestra habitación. Entro y saco el maletín con el dinero de debajo de la cama y mientras nos sentamos te pregunto.

- Ok, cuanto dinero necesitas.
- Pero de donde vas a sacar plata tú?
- Cuanto.
- Un millón de Pesos.

Saco los billetes y los cuento. Cien, doscientos, trescientos, mil, dos mil dólares. Se los entrego a Claudia y le digo que todo va a estar bien. Que es su elección. Ella me abraza y en sollozos me dice:

- Muchas gracias amiga. Te amo
- Para eso estamos Clau, no te preocupes.
- Te amo Feña
- Yo también te amo Claudia.

Claudia levanta su cara de mi hombro y me mira fijamente, cierra sus ojos y comienza a acercar sus labios a los mios.

- Claudia! Que te pasa?
- No sé, no sé que siento. Quizás es esta cosa que llevo dentro de mí. Pero desde que Fuimos a la Blondie y te vi besando a Ursula, empecé a desear ser yo a quien besas.
- Clau. Te parece que hablemos esto después? Por ahora vamos al doctor.

28 de febrero de 2008

mujeres. Cap 6

Como siempre, los golpes en la puerta me arrebatan de los brazos de morfeo. Claudia llama desde el otro lado preguntando si estamos presentables. Le respondo que pase. Entre el caos que es nuestra habitación, nuestros cuerpos apenas cubiertos por las sábanas forman una imagen mas que sugerente. Claudia entra en la pieza y al vernos sudadas y desaliñadas no puede evitar sonrojarse. Comienzo a notar alco en ella que no había notado antes de conocerte, amor. Veo que sus ojos no logran apartarse de mis pechos, que su respiración se acelera. Desde tu posición te das cuenta del hecho y decides romper la incómoda situación.



- Ehm.. Claudia, cierto? – Le dices, mirándola.
- Alcánzame mis calzones por favor. Los estás pisando – Claudia se sonroja aún mas mientras yo me pongo a reir
- T….toma. – tímidamente se acerca para pasártelos. Sus ojos siguien clavados en mis pechos.

Te levantas deshinibidamente de la cama y te vistes, lo que para ti significa andar con calzones por todos lados. Empiezas a recoger las cosas mientras te quejas por el estado en que “alguien” dejó la pieza. Me tiras mi ropa para que me vista. Claudia sigue ahí, apoyada en la puerta.

- Que pasa Claudia? Estás como perdida hoy. – Le digo para desviar su vista de mi cuerpo. La verdad no me molesta, pero no quero que se se de cuenta.
- Ah? No, nada. Es que me sorprende un poco verlas así. Disculpa que diga esto Ursula, pero Fernanda, tu eras tan fijada en los hombres, cómo pasó esto?
- No sé. Simplemente pasó – Me miras y sonríes, luego me lanzas un beso, que parece incomodar aún más a Clauda
- Ehm... Bueno, está listo el desayuno por si quieren.
- Gracias!, vamos altiro

Nos vestimos a la rápida y salimos a tomar desayuno. Ya estaban todos sentados. El desayuno transcurrió mejor que la cena de la noche anterior, Diego estaba callado, Hernán y Marcelo hablan entre ellos.

Desayunamos rápido y antes de levantarnos de la mesa, Carlos toca la bocina desde el auto, que ya nos esperaba afuera. Nos despedimos rápidamente y, despues de recoger el maletín en nuestra pieza, Bajamos y tomamos el auto.

El auto de Carlos nos lleva a una casa en el barrio Brasil. Por fuera no es mas que una casa como cualquier otra, pero por dentro todo es distinto. Música reggae invade el lugar. Un olor a marihuana que me marea desde el instante en que cruzo la puerta de entrada. Rastas fumando en todos los rincones. Un viejo de largos cabellos apelmazados se acerca a nosotros, te saluda efusivamenbte, en un torpe español.

- Ursula, me love. Como van las cosas? Supe que Peter tubo un problema gracias a ti
- Nunca me cayó bien – Le dices, sonriendo – Déjame presentarte a mi novia, Fernanda.
- Fernanda! In me Country conofí a una Fernanda.
- Si? Que divertido – dije tímidamente – Y como era?
- No me acuerdo. La maté antes de grabarme su rostro. Pero estoy seguro que no era tan linda como tú.
- Gracias – es lo que atino a decir, algo asustada.
- So, Tell me me baby, donde está la droga?
- Carlos la tiene en el auto.
- Good. Vamos a buscarla.

Salimos del edificio. Carlos está afuera en el auto, escuchando un extra que habla sobre el asesinato de un tal Rossemberg, un empresario alemán. Carlos se baja del auto y abre el maletero.

- Lemme see me stuff – Dice el viejo, con notoria ansiedad.
- Aquí está – Dices, mostrándole la mercancía
- Nice. Acompáñenme para entregarles lo acordado.


mujeres. Cap.5

El mismo auto negro que me recogió en la Blondie nos lleva a hora a tu departamento. Claudio, el chofer, se disculpa conmigo argumentando que en este negocio hay que tomar precauciones, uno nunca sabe cuando puedes encontrarte con un policía encubierto.



- Y donde vamos amor? – Me dices mientras nos vamos a tu departamento.
- No sé, ahí vemos. Cuanto dinero hay?
- Lo suficiente
- Lo suficiente para que?
- Para lo que queramos! –dijiste antes de estallar en una carcajada.


Pasamos el tiempo de viaje conversando sobre nuestros posibles destinos turísticos. Aunque en mi interior ya se formaba una idea algo macabra. Llegamos a República, nos bajamos del auto y nos encaminamos hacia el edificio donde vives. Todo está tranquilo. Nada parece presagiar lo que estamos a punto de encontrar.

Llegamos al sexto piso. Salimos del ascensor. Introduces la llave en la cerradura y al abrir…
El departamento parecía haber sido asaltado. Todo estaba fuera de lugar. La loza de la cocina yacía rota en el piso. La televisión encendida, cubierta por el mantel de la mesa. En tu habitacíon los cajones de los muebles abiertos y con su contenido volcado sobre la cama. Alguien buscaba algo, pero no lo encontró. Provablemente Peter mandó a registrar tu departamento pensando que la cocaína estaba aquí. O peor, César habló y ahora te bustan a ti también. Por el momento no lo sabemos. Lo más prudente es irnos a mi casa, nadie nos hará preguntas ahí. Llamas a Carlos que aún esperaba con el auto encendido en caso de emergencias. Nos subimos en él y nos vamos a mi casa.

Ya es casi de noche cuando llegamos. Mis amigos estaban viendo televisión, otros en la cocina conversando y Claudia, fumando un cigarro en la puerta. Ella es la primera que nos ve llegar. Se levanta, corre habia mí mientras me bajo del auto. Yo solo sonrío al verla tan efusiva, tan distinta a como es ella usualmente. Llega a mi lado, me abraza.

- Pensamos que te había pasado algo, cuando despertamos ya no estabas – Ya había olvidado cuanto tiempo llevaba afuera. – Y ella? – Dice Claudia con mala cara cuando te ve. Aún no entiendo la razón de tanta antipatía.
- Viene a quedarse conmigo. Es mi pareja y creo que está en todo el derecho de vivir aquí. Tanto como yo.
- Claro. Y nosotros que somos tus amigos no importamos cierto? Nosotros que hemos vivido juntos por casi tres años damos lo mismo.

Claudia se da vuelta y entra en la casa, pegando un portaso. No supe más de ella hasta despues de la cena. No salió de su pieza. Sólo se la oía llorar.

Mientras cenábamos, mis amigos decidieron romper el hielo y tratar de integrarte un poco más al grupo.

- Así que vas a vivir con nosotros, Ursula? – Te pregunta Hernán, mientras te increpa con el tenedor.
- Si, pero solo por un tiempo. Apenas reunamos el dinero para irnos solas, nos iremos de aquí.
- Pero tú no tenías un departamento en República? – Marcelo también entra en la discusión
- Si, pero sólo estaba arrendando y, como persdí mi trabajo. Fernanda me ofreció venir a vivir con ustedes, espero que no les molesdte, de verdad.
- Osea que ustedes ya son definitivamente pareja? – arremete diego, en lo que parece mas un interrogatorio que una conversación de sobremesa.

Decido romper la tensión del momento levantandome de la mesa y excusandome con los presentes, te pido que me acompañes. Nos vamos juntos a mi habitación, la que será nuestra habitación hasta que las cosas se calmen. El maletín queda en el piso. Nuestras ropas también. Me besas suavemente mientras mis manos recorren todos los pliegues de tu cuerpo. Poco a poco la noche y la lujuria nos van devorando hasta que ya no somos nosotras mismas.

27 de febrero de 2008

mujeres. Cap.4

Llegamos a un galpón en algún lugar del sur de Santiago. El conductor me baja a punta de pistola y me pides que mantenga la calma, como si fuera fácil hacerlo con un revólver apuntando a mi cabeza. Una vez estamos lejos del auto, el conductor se sube en él nuevamente y se va del lugar. Me pides que camine tranquilamente hacia la entrada del galpón. El sol ya se asoma entre las montañas cuando al atravezar la puerta, tres hombres armados nos apuntan con ametralladoras. Una voz grave desde el fondo del galpón me hace temblar por dentro. Tenía un fuerte acento inglés



- Tanto te cuesta seguir unas simples instrucciones Ursula?
- Y terminar como el chico? No gracias
- Por tu culpa Cesar está preso, Ursula, POR TU CULPA!!!!!
- Bueno y que quieres que haga? Era él o todos nosotros

Hasta el momento no logro entender nada, y te lo hago saber. Me dices que mantenga silencio y que todo va a estar bien. Que confíe en ti.

- Y?, La tienes? – Dice el mientras sale de las sombras. Era un hombre rubio, alrededor de 30 años, piel clara y facciones delicadas. Su belleza contrastaba con su fuerte voz.
- Que crees Peter? Aquí está. – Le entregas el paquete con droga. El hombre la examina. Saca una especie de termómetro del bolsillo de su traje y lo sumerge en la cocaína.
- Esta no es mi mercancía!!! – grita furioso mientras arroja el paquete al suelo - Donde está mi mercancía!!!

Un golpe en la nuca es lo último que recuerdo antes de perder el conocimiento.

Estoy amarrada, sentada en una silla, tu estás al lado. Los mismos tipos del galpón están frente a nosotros. El semblante de Peter se ve oscuro, pese a recibir la luz del sol de lleno a travez de la única ventana de la habitación. El hedor es insoportable.

- Voy a preguntarlo amablemente por última vez. Donde está mi mercancía?
- La botaste en el galpón, no te acuerdas?
- Ursula?! – La situación ya esta fuera de control para mí y, para variar, no tengo idea de lo que está pasando
- Y tú quien eres? – Todos los pelos de mi cuerpo se erizan al descubrir que se dirigía a mí.
- Yo? Yo…. La verdad es que no debería estar aquí, es una equivocación.
- Déjame preguntártelo a ti también, Dónde está mi mercancía?
- No sé de que habla! No tengo idea que mercancía.
- Déjala tranquila. Ella no sabe nada – Por fin sales en mi defensa. Peter se acerca a ti nuevamente y toma tu cabeza entre sus manos
- Osea que tú SI sabes algo, no Ursula?
- Sólo sé que ustedes están todos muertos, gringos de mierda.

Es increíble como unas pocas palabras pueden desatar el infierno. En un abrir y cerrar de ojos, la sala se llena de balas. Todos nuestros captores yacen ahora en el piso, muertos. Ursula, de alguna manera te liberas de tus ataduras. Mientras me liberas, un hombre moreno y con largas trensas rastas te entrega un arma. Me la entregas y me besas suavemente, como pidiéndome perdón. Me miras con esos ojos de niña que tienes y te pones a hablar con los recién llegados en un idioma que despues de algo de esfuerzo identifico como inglés jamaicano.
Ya todo está tranquilo. Sin darme cuenta me metí en una “mexicana”. Mientras los jamaicanos revisan el lugar, me llevas hasta una pequeña oficina. Descuelgas un cuadro de Warhol que había en la pared maldiciendo el pésimo gusto de los gringos maricones. Detrás del cuadro había una caja fuerte. Escribes el código en el panel y ésta se abre. Sacas de ella un maletín y me lo entregas.

- Con esto pagamos nuestras vacaciones amor. – Me dices son los ojos brillantes de emoción
- Que vacaciones?
- Las que nos vamos a tomar ahora amor. Bienvenida al mundo del narcotráfico.
La verdad es que después de lo que había vivido, un poco de dinero no me parece nada de mal.

mujeres. Cap.3

El hambre me despierta a mitad de la noche. Voy a la cocina y lo único que queda es un trozo de pizza fria en el refrigerador. La caliento en el microondas y, mientras espero, mi celular comienza a sonar. Eres tú. Contesto con esa mezcla de ansiedad y nerviosismo típica del enamoramiento. Oigo tu dulce voz. Me pregunas como estoy, si estaba durmiendo, lo típico. Después de una larga conversación me das a conocer el verdadero origen de tu llamada.


- Tengo algo que decirte.
- Que pasa Ursula?
- Te acuerdas que mencioné a un tal Chico ayer cuando ví las noticias?
- Si, que pasa con él?
- Bueno, él era mi novio…. Antes… Antes de darme cuenta que era lesbiana. Terminé con él cuando supe que estaba metido en el tráfico de drogas y, pues ahora lo pillaron y me involucró a mi también.
- Que?! Pero cómo?
- Ese paquete que te entregué ayer, un kilo de cocaína pura.
- Y a ti no se te ocurre nada mejor que pasarmelo a mí?
- Eres todo lo que tengo mi amor, no puedo confiar en nadie más.
- Mejor llamo a los pacos
- No!, por favor, no lo hagas. Mira, trae el paquete donde te lo pedí. Por favor.
- Y si me pillan?
- No va a pasar, confía en mí.
- Más te vale.

Cuelgo el teléfono y me dirijo a mi pieza, saco la cocaína de su escondite debajo de mi cama y la guardo en mi mochila, se siente extraño. Llevar tanta droga junta me hace sentir poderosa, podría ganar mucho dinero vendiéndola. Pero no, no puedo traicionarte así. Vuelve a sonar mi teléfono. Me pides que nos juntemos donde nos conocimos en un par de horas. Ahí estaré.

La galería de la Blondie, 4:30 de la mañana. Dijiste que estarías aquí a las 4, aún no llegas. Un auto se detiene frente a mi, dos personas se bajan, se identifican como detectives. Cagué, pienso para mi misma. Me empiezan a hacer preguntas, describen a una mujer, eres tú. Miento al decir que no conozco a nadie con esa descripción, pero la droga en mi espalda y los nervios de encontrarme en esa situación me obligan a hacerlo. Los detectives se acercan a mí. Uno de ellos me toma por la muñeca y me dice que tengo que acompañarlos.

Ya me imaginaba la cara de mi familia, de mis amigos cuando vieran las noticias. Fernanda Olivares es detenida con un kilogramo de clorhidrato de cocaína. Es sentenciada a 20 años en prisión. Instintivamente miro hacia otrolado y es entonces cuando veo el mismo auto en el que te fuiste ayer. Avanzando por la vereda en dirección a nosotros. Los detectives tabién lo ven y comienzan a dispararle, sin la presición y velocidad necesarias. Son embestidos por el auto, éste se detiene. La puerta del copiloto se abre y desde el interior escucho una voz masculina que dice.

- Entra.
- Vamos mi amor, todo está bien – Reconozco tu voz desde el asiento trasero.
- No, mejor me voy a mi casa
- ENTRA! – Insiste la voz masculina, el cañon de un revólver brilla en la sombra del auto.
- Fernanda, hazle caso!

Me siento donde me indicaron y antes de que pueda cerrar la puerta ya estamos acelerando para irnos de ahí. La pistola sigue apuntandome.

- Lo trajiste? – Me interroga el conductor.
- Que cosa?
- No te hagay la weona. SI o NO?
- Si, si lo traje.
- Pásaselo a la Ursula.

Te entrego el paquete tal como me lo encargaste y me resigno a lo que el destino quiera para mí.

26 de febrero de 2008

mujeres. Cap.2

Tu departamento. Un espacio que por unas horas se transformó en el cielo para nosotras dos. Nos besamos, nos unimos. La luz del amanecer se cuela tímidamente entre las cortinas y tu hermoso cuerpo desnudo destaca silueteado entre la semipenumbra de tu habitación. El aroma a sexo aún no desaparece del lugar y me impulsa a tocarte, tú aún en sueños. Lentamente despiertas y me sonríes pícaramente…


Ya es mediodía. Te levantas, te pones una bata y mientras yo me doy una ducha, preparas el desayuno. El aroma a café fresco llena todo el departamento. Salgo de la ducha y, despues de secarme, me visto solamente con mi ropa interior y una polera que me acabas de prestar. Me siento sexy. Te veo sentada frente a la mesa, tomando café con leche y una tostada. Me invitas a sentarme junto a ti, tomamos desayuno juntas, como muchas veces lo haríamos despues. Mi celular suena. Son mis amigos, aún preocupados por mí despues de la escena de anoche. Les conesto de mala gana mientras tú enciendes el televisor. Las noticias del mediodía hablan del decomiso de un enorme cargamento de cocaína en el puerto de Valparaíso. Hay tres personas detenidas. Tu eterna sonrisa se desvanece cuando escuchas los nombres de los detenidos.

- Conchetumadre, pillaron al Chico!!!!
- A quién? – Pregunto, sin entender lo que pasa.
- Me tengo que ir, y será mejor que tú también lo hagas. Mira, juntémonos en la Blondie en una semana más. Te voy a estar esperando en la entrada, donde nos conocimos.
- Pero, que pasó?!
- Nada, mejor andate luego, después te explico.

Nos vestimos rápido y en silencio. Me dejaste un poco de dinero para irme a casa y te despediste con un beso. Si hubiera sabido entonces todos los problemas que vendrían, hubiera pensado dos veces antes de dejarte salir del departamento. Termino de vestirme y salgo con destino a mi casa.

Llego a mi casa, mis amigos estában esperándome. Enojados, y no es para menos. No había respondido el celular desde que me fui y los pobres no tenían la más minima idea de onde estaba. Despues de soportar los retos de todos ellos, me voy a mi habitación para descansar de la agitada noche que tubimos, mi amada Ursula. Me recuesto en mi cama y lentamente comienzo a caer dormida.

Ahí estás tú, corriendo como una niña, sin más abrigo que un largo vestido blanco. Las flores del campo en el que corres acarician tus hermosas piernas. La brisa juguetea con tu pelo mientras nuestros ojos se cruzan. Yo sonrío, sentada donde estoy, mirándo cómo te diviertes.

Fuertes golpes en la puerta me alejan del hermoso sueño que tenía. Hernán me llama desesperadamente desde el pasillo, avisándome que tenía visitas. Aún media dormida salgo al comedor y te veo ahí, Con el pelo suelto y unos lentes oscuros cubirendo tus hermosos ojos, estás como acelerada. Me entregas una maleta. Me haces prometer que no la abriré. Besas mis labios fugazmente y sales de la casa. Afuera, un auto espera con el motor encendido. Yo me quedo desconcertada. Mis amigos aún más. Por primera vez siento un hormigueo recorriendo mi espalda, hormigueo que despues de un tiempo lograré entender significa problemas. Apreto el paquete contra mi pecho y me encierro nuevamente en mi habitación.

Puedo oír el auto partir y alejarse calle abajo. Te extraño, me doy cuenta que no puedo estar sin ti, que de alguna extraña manera haz hecho que me enamore. Empiezo a llorar. Algo me dice que no será la última vez que te vea, pero que todo será muy diferente desde ahora.

Lloro toda la tarde hasta que el hambre y el cansancio pudieron más. Salgo a la cocina, mis amigos no están, como todo lo que puedo y vuelvo a mi cuarto. Me recuesto en la cama y caigo profundamente dormida.

25 de febrero de 2008

mujeres. Cap.1

Jamás creí que las cosas terminarían así, en el desierto de Atacama, sentada sobre una roca junto a tu cuerpo sin vida. Escribiendo en esta vieja libreta antes de apuntar hacia mi la pistola que acabó con tu vida, y en parte también con la mia. Ursula, mí amada Ursula. Me gustaría que estuvieras conmigo, que me ayudaras a escribir el último capítulo de nuestra historia. Que corrigieras mis errores infantiles y me acariciaras el pelo, o lo unieras en una trenza, o simplemente me contemplaras en silencio como hiciste cuando nos conocimos, hace ya tanto tiempo…



La Blondie, un viernes cualquiera. Mis amigos me obligaron a venir, dicen que no es bueno que una mujer como yo se quede un fin de semana sola en su departamento. Camino por entre la multitud que baila absorta en la pegajosa música de mediados de los ochenta. Una pareja de lesbianas se besa sobre el cubo. Un amigo me toma del brazo y me obliga a bailar, siento que me ahogo y se lo hago saber moviendo mi mano sobre mi rostro. Salgo de la disco, camino hacia Alameda y me siento en la entrada de la galería a respirar un poco de aire fresco. Ahí estás tú. Me miras, llevas un cigarro a tu boca y aspiras el humo sin dejar de mirarme. No hay palabras, no hay ruidos, el tiempo parece haberse congelado en esa esquina de la congestionada capital. Algo logra romper el velo angelical que parecía haber caído sobre nosotras y escucho por primera vez el tono dulce y conciliador de tu voz.

- Ursula
- Cómo? – Digo sin lograr procesar lo que me dices.
- Ursula, me llamo Ursula. Y tú?
- Fernanda.
- Mucho gusto Fernanda – Dices mientras estiras tu mano hacia mi.

Estrecho tu mano y comenzamos a conversar. Poco a poco vamos entrando en una mayor confianza. Siento que algo extraño ocurre entre nosotras. Te acercas cada vez más a mi, ya casi puedo sentir tu aliento rozando mi mejilla mientras yo, extrañamente atraída, me siento transportada a otro lugar, donde solo existimos tú y yo. No puedo evitarlo. Poco a poco vamos acercando nuestras caras hasta que nuestros labios se juntan por primera vez. Unos murmullos a lo lejos me hacen volver a la realidad. Son mis amigos, que, sorprendidos al verme besando a otra mujer, salían de la disco.

Me levanto de la acera donde estábamos sentadas y sin saber que hacer me quedo mirando como tonta mientras tú te paras, me tomas tiernamente del brazo y con un tono de voz parecido al de una niña pequeña dices:

- Hola!!!, quienes son ellos mi amor? – Esas últimas palabras me dejaron algo descolocada, pero prefiero seguirte el juego.
- Eeeeeeeh… Mis amigos, Hernán, Diego, Claudia y Marcelo.
- Hola amigos de mi amor – Dice ella.
- Te desapareciste toda la noche Fernanda – Me reprocha Diego
- Qué?! No, si recién salí.
- Pero si hace mas de 3 horas que no te vemos!, mira la hora, ya son las 4:30

Miro mi reloj y me doy cuenta que tiene razón, el tiempo pasó increíblemente rápido y lo que parecieron ser un par de minutos se transformaron en horas. Miro tu rostro y veo en tu cara esa mezcla de inocencia y culpalilidad que tan conocida se me haría en los siguientes meses. Vuelvo a besarte, mientras mis amigos miran con caras sorprendidas. Te tomo de la mano y te miro.

- Vamos mi amor – me dices.
- Dónde? – Te pregunto con voz de niña.
- A mi departamento
- Bueno mi amor.
- Chao amigos de mi amor!! – Le dices a mis amigos.
- …chao… – Es lo que responden ellos, sin creer lo que ven.

Caminamos hacia República en la semipenumbra del Santiago nocturno.

21 de febrero de 2008

sólo dos años

- ¿Cuánto falta?
- Dos años- me dices sonriente, aún sin mirarme
- Ah...
- Lo primero que tenemos que comprar es una cafetera- me dices con énfasis mientras me apretujas entre tus brazos.
- Mmm si. ¿Pero que no habíamos dicho un colchón?
- Entonces una cafetera y un colchón- te sonríes aún más y me abrazas más fuerte
- ¿Amor?
- ¿Si?
- Te amo
- Tú sabes que también te amo
Y ahí nos quedamos pegados mirando, frente al único departamento en venta de Lastarria, esperando que alguna anciana octogenaria nos herede sus recuerdos para comenzar los nuestros.